Nota de Wu Ming sobre el concepto de empresa

Esta revolución no tiene rostro, ni algunos trechos de esta entrevista tienen mucho sentido. Hemos coloreado de rojo las frases que no dijimos. Lo sentimos, pero tenemos que explicar nuestro trabajo de la mejor manera posible.
Ya no utilizamos la palabra "empresa", desde que hicimos autocrítica sobre nuestra "Declaración de intenciones", por lo tanto es imposible que la utilizamos hablando con el periodista.
Aquí está nuestra posición sobre el concepto "empresa" (traducción de Hugo Romero):

"'Empresa política autónoma' era por aquel entonces un concepto más bien trendy, en el movimiento 'centrosocialista' de los años noventa. Hoy ni siquiera bajo la tortura utilizaríamos el mismo slogan. Nada que objetar a los dos adjetivos, "política" y "autónoma", respecto de los cuales no hay mucho que añadir. Pero la empresa cognitiva, con la actual depresión económica, ha terminado por mostrar sus límites. Los tiempos de la new economy son un recuerdo desabrido, cuando los trabajadores del cerebro podían transformar la gran disponibilidad de los capitales inflacionarios (resultado de la especulación y la sobre-explotación) en una oportunidad de redistribución del rédito, abriéndose paso a golpe de neuronas para evitar que los oligopolios de siempre se repartiesen el pastel. Había un espacio, el dinero parecía verdadero. De ahí la oportunidad de tantos asaltos al estilo Q, desde los apuros del underground a la plena visibilidad, desde el 'dilettantismo' al profesionalismo. Ahora los aires han cambiado y la crisis deja el capital en manos de unos pocos señores de la guerra. Los trabajadores del cerebro ven corroerse las posibilidades de rédito, garantías ilusorias, efímeras conquistas. Al hacerse 'empresa', corre uno el riesgo, por otra parte siempre al acecho, de una terrible auto-explotación, en la que uno se convierte en 'patrón de sí mismo', sin llegar a ser menos cabrón que cualquier otro patrón. El desafío es en todo caso la 'lucha de clases', que ahora se presenta de una forma más 'clásica' y vintage: trabajo vivo contra capital, trabajo mental contra capital parasitario. El desafío no es 'empresarial'. El desafío es vital, dimensión que lo contiene todo: forma parte de la vida tratar de dar lo mejor en cualquier situación. Hace falta permanecer en pie. Raymond Carver trabajaba en un aserradero y escribía de noche. Stephen King pulsaba las teclas de una Remington apoyada en las rodillas, mientras que el ferry en el que trabajaba de camarero surcaba las olas. Desde la noche de los tiempos los contadores de historias gastan las suelas de sus zapatos (cuando los tienen) trasladándose de una aldea a otra, con los tambores y las guitarras a lomos de su mulo. Henri Charrière, conocido como 'Papillon', contaba el ciclo de las olas a la espera de ésa que se lo llevaría, agarrado a un saco y susurrando: 'Todavía estoy vivo, bastardos'. No estamos aquí para dejarnos asustar." (21 Enero de 2003)

Además, en la entrevista no contrapusimos 'mitos' y 'utopias' ni dijimos que las utopias no son relatos liberadores.


La Vanguardia, 3 Abril de 2003

El colectivo Wu Ming proclama que "otra narrativa es posible"

Integrado en el movimiento antiglobalización, este grupo de escritores italianos ­que nunca muestran su rostro­ promueve la libertad de copia y cuestiona el concepto de autor individual "Escribimos novelas colectivamente, como los guionistas, y no creemos en el Autor como un ser excepcional e inspirado"


XAVI AYÉN - 02/04/2003
Barcelona

Los Wu Ming son uno de los fenómenos culturales más llamativos de la era global. Cuando se llamaban Luther Blisset ­nombre que tomaron de un anodino futbolista jamaicano del Milan­, colgaron todas sus creaciones en la red, con libre derecho a copia, promovieron actos de sabotaje cultural e invitaron a cualquier "trabajador intelectual" a utilizar su nombre para firmar sus obras. ¿Resultado? Aparecieron cuadros, libros, performances, canciones y hasta edificios por medio mundo aparentemente obra de la misma persona, un ubicuo agitador sin rostro. Más allá de sus actividades "guerrilleras", estos cinco boloñeses ­ahora rebautizados­ se dedican a la escritura, y su novela histórica "Q" ­ambientada en el siglo XVI y editada en España por Mondadori­ vendió la friolera de 200.000 ejemplares sólo en Italia. Ayer, cuatro de ellos visitaron Barcelona para presentar en el Macba su libro manifiesto "Esta revolución no tiene rostro" (Acuarela).

"Somos un laboratorio de diseño literario ­explican­. Utilizamos métodos de trabajo colectivo, como los del cine, para confeccionar narraciones. Promovemos, con muchos otros creadores, el 'copyleft', una alternativa al "copyright" acorde con los tiempos: autorizamos cualquier reproducción de nuestra obra siempre que sea con fines no comerciales. Pero mantenemos
nuestros derechos de autor, cobrando un porcentaje por cada libro que vendemos."

Wu Ming ­que significa "sin nombre" en chino mandarín­ no es un ente desorganizado, sino una sociedad mercantil. "Reivindicamos el concepto 'empresa' ­explican sus socios­, esa es la forma que hay que apropiarse para controlar los procesos de producción del arte y tratar de tú a tú con las otras empresas: por ejemplo, hemos impuesto a Random House Mondadori que autorice las copias gratuitas de nuestro libro, algo sin precedentes."

¿Por qué no se dejan nunca fotografiar?, les preguntamos. "No somos como Thomas Pynchon o J.D.Salinger ­aclaran­, escritores que se esconden de los medios. Nos ensuciamos las manos en la promoción de nuestros productos pero
siempre que eso no degenere en divismo. Nos horroriza la imagen del Autor, un ser excepcional inspirado, objeto de admiración."

En junio llegará a España la traducción de "54", su nueva novela, ambientada en el año 1954. "Es una obra coral, que se desarrolla en Italia, California, Francia, Yugoslavia... los personajes son comunistas italianos, mafiosos napolitanos, Cary Grant trabajando como agente secreto británico... Uno de nuestros objetivos es deconstruir los mitos populares y darles otro sentido,
y en esta novela lo hacemos con los de los años 50, aparentemente una era de pacificación y reconstrucción cuando en realidad hubo conflictos sociales muy fuertes, con muertos en las calles, y se sentaron las bases del primer tráfico de heroína desde la Indochina en guerra hasta EE.UU. El mismo Cary Grant, prototipo del elegante caballero, era en realidad un hijo de la clase obrera de la época, alguien más seducido que seductor en las películas, nada machista." Algunos de los ensayos de Wu Ming estudian precisamente cómo se crean los mitos - de forma espontánea y cómo, contrariamente a las utopías, son relatos liberadores".

Para ellos, ha aparecido un nuevo sujeto histórico: "La multitud, que es la protagonista de la protesta global, la que ahora se manifiesta contra la guerra. En una multitud cada uno mantiene su particularidad, mientras que en la masa todos actuaban de la misma manera".

Los Wu Ming han participado en primera línea en las protestas antiglobalización, y han escrito la crónica de algunas de sus batallas más épicas, como la de Génova. Los interesados en seguirles la pista pueden acudir a la web www.wumingfoundation.com

 


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